Navidad, consumismo justificado

Hace no muchos años, el día 26 de diciembre era el segundo día de Navidad, una jornada para reunirse con la familia y comer todos juntos, celebrando simplemente el hecho de compartir un tiempo con los seres más queridos. Esta mañana, la calle Colón estaba llena de gente. Es paradójico hasta qué punto hemos sido absorbidos por la cultura del consumismo, la fugacidad y la apariencia.

Todos cargados de bolsas, comprando para que la casa esté llena de regalos, aunque para ello tenga que estar vacía de calidez. Porque no hay mejor regalo que una buena compañía, aunque nos estén convenciendo de todo lo contrario.

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“Todos nosotros, que vivimos en países cultos densamente poblados y hasta en grandes ciudades, ya ni sabemos qué tan carentes estamos de un general, afable y cálido amor al prójimo. Hay que haber llegado como huésped no invitado a una casa, en un país escasamente poblado, dónde varios kilómetros de malas calles separan a los vecinos entre sí, para poder evaluar qué tan hospitalario y amablemente sociable es el ser humano cuando su capacidad para el contacto social no está constantemente sobre exigida”. Konrad Lorenz

Y para que veáis de lo que hablo…

Laura Herreras

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